La necesidad de cariño y de atención reaparecen, o, al menos, aumentan, en la última parte de mi vida. Una palabra tierna, una caricia, una mirada, un paseo, un minuto, una sonrisa, son gestos que me aproximan al amor. No es pago de nada. Es, probablemente, una forma de rendir culto a la vida, porque, cuando una tiene que irse, nada tiene más valor que recibir un gesto de cariño, el honor de un segundo de ilusión, la ilusión de saberse querida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario