La cuestión es que yo intuyo -pido perdón por esta licencia retórica que enmascara una cierta vergüenza por lo insolente que pudiera resultar el uso del verbo saber- que los seres humanos son iguales y que lo que tienen es fruto de sus privilegios. Por lógica, es contra natura la actitud positiva, y también la pasiva, hacia la aceptación y la alimentación de la creciente distancia que nos separa, cada día más, a quienes tenemos de quienes no tienen.
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